
Con el fallecimiento de mi tía Elen, nos sentimos desoladas, un sentimiento de extrema tristeza y las lágrimas acuden en cualquier momento.
Es inquietante sentirse así, hace muchos pero muchos años no lo experimentaba, aunque conforme pasa el tiempo y trato de asimilar esta pérdida, me doy cuenta de los diferentes sentimientos que he experimentado a lo largo de mi vida y con las pérdidas de seres queridos en años pasados.
Asi bien, cuando contaba con catorce años falleció la que yo decía era la "tía más querida por mi", de la cual ya no recuerdo que experimenté cuando se fue.
Después fue mi abuelita, donde sentí una gran tristeza pero aun no experimentaba el dolor en toda su extensión.
Años más tarde, el hermano mayor de mi mamá, después el hermano menor de mi mamá y finalmente mi propia madre.
Ahí aun tengo presente el dolor algo se desgarró permanentemente dentro de mi y a la fecha añoro su presencia.
Pero ahí no termina la historia, años más tarde una hija que perdí al nacer, ahí el shock fue enorme, sentía que no hilaba mis pensamientos, que estos pasaban dentro de mi cabeza a cien mil kilometros por hora y brincaba de una idea a otra en forma por demás extraordinariamente rápida e incluso sentía que pensaba varias cosas al mismo tiempo, no atinaba a platicar pues no podía concentrarme en una sola idea, tampoco pude leer un períodico o revista por largo tiempo y mucho menos ver televisión, por si fuera poco, la radio la oía pero no entendía, este estado de aturdimiento duro tres meses.
Pero ahora con la partida de mi "tía Elen" el sentimiento es de infinita tristeza, tan grande, tan honda, que nunca imagine que podría llegar a sentirla tanto cuando se fuera.
Tal vez la manera, las circunstancias, la vida que llevó y que es una incognita para todas nosotras, es lo que hace que sienta esta tristeza, tan hondamente me siento triste que me dí a la tarea de investigar si es algo "normal" o estoy rayando ya en un caso patológico, así que me permito citar textualmente los siguientes párrafos tomados de
páginas del internet para mayor comprensión:
- Ante una pérdina no olvidemos nuestra responsabilidad de recuperarnos pronto para poder ofrecer y compartir nuestro apoyo con otros parientes que cuentan con nosotros y nos necesitan.
- Procesar adecuadamente nuestro duelo nos debe convertir en personas más maduras; la superación y el crecimiento personal derivados de un proceso de duelo superado con dignidad, con responsabilidad, con respeto y amor, deben ser nuestro homenaje a la memoria del ser querido que se nos ha adelantado.
Por otra parte el
Dr. Julio Villena Aragón, dice:
Todos sufrimos distintas y múltiples pérdidas durante el transcurso de la vida. Es inevitable ante estas situaciones atravesar un proceso de duelo.
El duelo es un sentimiento subjetivo que aparece tras la muerte de un ser querido.
Podemos dividir el proceso de duelo normal en tres etapas, tal como lo hace J. T. Brown:
1. Shock: La persona suele presentar aturdimiento, nudo en la garganta, llanto, desconfianza, negación (comportarse como si la muerte no se hubiera producido), suspiros, sentido de irrealidad, vacío en el estómago.
2. Preocupación: Se observa ira, insomnio, tristeza, agotamiento, debilidad, anorexia (pérdida de apetito y de peso), anhedonia (desinterés en las actividades placenteras), introversión, pensamientos sobre el difunto, culpabilidad, dificultad en el sueño (problemas para dormirse, despertares repentinos) y para concentrase, sueños con la persona fallecida.
3. Resolución: La persona puede recordar el pasado con placer, recupera el interés por otras actividades, establece nuevas relaciones.
Estas tres fases pueden variar y presentarse emociones, síntomas o pensamientos de una de ellas en otra de las etapas. Además estas emociones suelen variar entre hombres y mujeres.
Puede aparecer autorreproche, pero con menos intensidad que en el duelo patológico. Suele estar relacionado con actos triviales que se hicieron o dejaron de hacer con la persona perdida.
El sobreviviente suele sentir culpa.
Los adultos suelen presentar una tendencia a la idealización y un recuerdo selectivo de los atributos valorizados.
Cada persona va a manifestar el duelo de una forma distinta, porque somos distintos y cada persona es única e irrepetible.
Está comprobado que las personas en duelo son más vulnerables físicamente, lo que implica una mayor posibilidad de presentar algún tipo de enfermedad física.
Hoy hablé con mi hermana y se siente igual que yo, estuvimos llorando juntas a través de la distancia, y consolandonos mutuamente.
Finalmente, el mundo sigue girando, la vida continúa y nosotras tendremos que encontrar consuelo y paz para renovar nuestras vidas y hacer un aprendisaje positivo de esta tristisima situación.
