Chabela… parte IV

EL INICIO DE… Te has puesto a pensar en las cosas maravillosas que pueden nacer de la sencillez, que pueden nacer de la humildad en el corazón, sin rebuscamientos de lenguaje o de modales. Que pueden nacer con un sencillo y respetuoso saludo o con una simple sonrisa. Es algo tan sublime como la mano de un bebé cuando toma el dedo de su mamá. Pues bien, después de los saludos de rigor, Rodolfo le pregunta si la casa de donde salió es la casa donde ella habita, a lo cuál le responde que no. Que había venido a recoger la ropa para llevársela a lavar, ya que ella se mantenía de lavar y planchar ajeno. — ¿Y que paso con el brujo? — ¿Qué no supo lo que le paso? — No — Pues ahora en el carnaval, tuvo un pleito con un señor y… Y le platicó lo sucedido el día de la cantina, Rodolfo se toma la libertad de mirarle a los ojos y le dice: — Mire Doña Chabelita, con todo el respeto que me merece, le propongo lo siguiente: Yo soy un simple estibador, pero no me quita que sea un caballero y honestamente le propongo con todo el respeto que usted me merece, que se venga a trabajar a mi casa. No es mucho lo que puedo pagarle pero un techo y comida no le faltaran. Por otro lado le aclaro de una vez por todas que no tengo segundas intenciones para con usted. Es una casita chiquita que he ido construyendo con el esfuerzo de mi trabajo, tengo algunas gallinitas a las cuales tengo que atender. Pero créame que muchas veces vengo molido por el trabajo allá en los barcos y no tengo ánimo de hacer algún quehacer. Usted se encargaría de la ropa, de la comida, de los quehaceres normales de la casa, yo por mi parte cuando venga de los muelles le puedo traer el mandado que usted me diga. Otra cosa más y muy importante, tengo un cuartito lleno de trebejos lo puede limpiar y esa será su recamara. En donde pueda tener sus cositas y créame que nadie le tomaría algo. — Don Rodolfo es usted muy amable pero, no puedo aceptar su oferta, que diría su esposa. — Resulta Doña Chabelita que no me he casado, toda mi vida me la he pasado trabaje y trabaje, no he tenido tiempo para el amor. Mire es más piense lo que le he ofrecido no me diga nada, piénselo. Yo vivo en la calle de José Antonio de Lizardi número 16 en el Barrio de la Santísima Trinidad. Piénselo Chabelita, piénselo. — Gracias señor Rodolfo, créame que lo pensare y gracias por todo. LA CASITA Pasaron algunos días y un domingo por la mañana estaba Rodolfo desayunando en su humilde casa, cuando llamaron a la puerta, lentamente se acomodo las faldas de la camisa y los tirantes del pantalón. Que agradable sorpresa le esperaba, la figura de Chabela se encontraba ahí, con una modesta maleta y una caja de cartón. — Una gran alegría se dibujo en su rostro y sencillamente exclamo: ¡Que gusto Chabelita!, que bueno que se decidió. Paséele para adentro. — Don Rodolfo le agradezco mucho, pero como se dice “A lo que te truje Chencha” ¿Con que comienzo? — Pues por desayunar, para que agarre fuerzas. Después se va al Mercado para ver que hace de comer. — Que le parece si le hago una Sopita de Pescado. — Pues muy bien, pero ándele vengase a desayunar, ahí agarre un plato y sírvase, aquí hay tortillas calientitas. Después de desayunar agarre sus tiliches y métalos a su cuarto. Y así, desde entonces, aquella desolada casa recibió un morador más entre sus paredes, prontamente los pequeños vidrios que tenían las ventanas se cubrieron de una nitidez que no tenían desde hace mucho tiempo. Unas macetas con plantas en el corredor vinieron a ser compañeras de otros inquilinos que eran unos canarios. El polvo que se encontraba escondido por los rincones prontamente desapareció, Cuando salían los primeros rayos del Sol los trinos de los pájaros se comenzaban a escuchar por toda la casa dando los buenos días a Chabela y a Rodolfo. El agua y el jabón recorrieron cada pared, cada silla, cada sillón, cada mueble, nada se escapó a la manía que tenia Chabela por la limpieza. En los tendederos siempre se veía ropa colgada revoloteando con el aire, la pileta del agua remozaba de agua y la plancha ya pedía vacaciones por el trabajo que le hacia pasar Doña Chabelita. Prontamente Chabela hizo amistad con las vecinas y no solamente hizo amistad sino que se ganó su respeto y consideración. Siempre se acomedía a ayudar a las personas que necesitaban de algo, inclusive les servia como enfermera, como cocinera, como niñera sino hasta como confidente en sus cuitas. Los días de transcurrieron uno a otro, acumulándose las semanas y los meses. Prontamente sería Diciembre, época de posadas, época de fiestas y de nostalgias por la ausencia de los seres amados. Fue una tarde cuando acabando de comer, al abrigo del sabor de un buen jarro de café negro de olla con canela y endulzado con piloncillo cuando Rodolfo le platicó a Chabela la historia de su vida. ¿Cómo sucedió esto?, prosigamos con nuestra amena lectura.

Posted: July 3, 2006 Comments (0)