Chabela… parte V
LA HISTORIA DE LA VIDA DE RODOLFO
Señor Rodolfo hace varios días que lo noto medio agüitado, medio pachiche, yo no sabré hablar tan bonito como usted, ni sabré tanto sobre los valses que pone la sinfonola casi todas las tardes, ni sabré leer tanto como usted lee, pero créame que se escuchar y guardar silencio cuando se me hable. ¡Ande platíqueme si de algo le sirve para que se desahogue! Es más para serle sincera no sé su nombre completo, el de pila.
Pues mire Chabelita le voy a tomar la palabra, porque tiene usted razón, me hace falta hablar con alguien. En realidad ya perdí la cuenta del tiempo en que no he podido desahogar la tristeza que traigo aquí adentro. Tráigase la jarrita del Café porque esto va para largo.
Para serle totalmente honesto no me acuerdo en parte de la república nací, lo que si le puedo decir que nací en los principios de este siglo veinte. Mi nombre completo y el de pila como usted dice es: Rodolfo Núñez Aranda y tengo treinta cinco años de edad. Aunque yo era muy pequeño me tocó vivir la revolución, Tengo entendido que un pariente estaba con la fuerzas de Emiliano Zapata, no sé si era un tío, hermano de mi papá o de mi mamá, lo que si sé que era muy alto. Que montado en su caballo las rejas del Castillo de Chapultepec le quedaban al hombro, después ya no se supo nada de él.
Mi papá se llama Enrique Núñez Muñozcano y mi mamá se llamó Concepción Aranda, déjeme platicarle que mi señor padre se casó nada mas ni nada menos que 13 veces. Por lo que poco que me acuerdo mi papá era el jefe de la gendarmería en Guanajuato, estudió en el Heroico Colegio Militar por lo tanto ha de comprender que es sumamente rígido, me acuerdo que una vez mi hermano Everardo y yo organizamos un baile en la plaza, la que da a un lado de la Iglesia, pero como no pedimos permiso para hacerla nos mandó buscar con unos gendarmes y encerró en la comisaría. ¡Imagínese mi propio padre nos mandó encerrar! Con eso le digo lo severo que es.
Mi mamá falleció cuando mi hermano Roberto nació y mi papá decidió volverse a casar. Se casó con la hermana de mi mamá, más sin embargo esta señora nos trataba muy mal. Del primer matrimonio nacimos varios hijos: la mayor es Ángela, la que le sigue es Concepción después sigue Everardo, yo y mi hermano Roberto, en ese orden de aparición. Como le platicaba anteriormente, mi madrastra nos trataba muy mal y mi hermano Roberto y yo decidimos abandonar la casa de mi padre y siendo todavía unos niños, decidimos correr mundo y marchamos a los Estados Unidos, mi hermano Roberto corrió con suerte y se empleó como ayudante del Gran Carusso, yo por mi parte no tuve tanta suerte y decidí regresarme a mi México.
No comprendo por que razón siempre me ha gustado siempre el mar, no se si porque en el océano no existen barreras que detengan su corriente o por que más. Y es así que decidí venir a Veracruz. Cuando llegue aquí ya no estaba tan chamaco y busque trabajo de todo más sin embargo como no soy muy letrado que digamos, aproveche una característica familiar; la del cuerpo robusto y encontré trabajo de cargador o descargador de barcos. Es una friega muy buena pero no me quejo, mire usted poco a poco he ido comprando mis cositas, aunque muy humildes han sido ganadas con el sudor de mi frente. Durante muchos años estuve ahorrando para comprar esta casita, ahí tiene el sinfonola. Como alguna vez le dije: he estado demasiado ocupado para las cosas del amor y yo creo que ha mi edad pues ya no, porque soy muy viejo para comenzar con una familia.
Pero figúrese que tengo familia, en donde, eso si no lo sé, porque como le dije antes tengo a mi hermana Angelita, ella nos crió a todos los hermanos cuando estábamos muy chicos, imagínese ella tenia doce años cuando falleció mi mamacita y se encargo de todos nosotros sus hermanos, que gusto me daría volver a verla hace muchos pero muchos años que no la veo, pero en fin ahí Dios dirá.
Y mejor le paramos aquí porque si no se me van a salir las de cocodrilo, otro día le platicare más y de antemano le doy las gracias por escucharme.
LA SOLEDAD ES…
Una a otra las hojas del calendario salían volando tan rápidamente que se pierde la noción del tiempo, los calores de las primaveras hicieron florecer muchas veces esas plantas que alguna vez había traído Chabela a la casa y Rodolfo se vio en la necesidad de sembrar esas plantas en el jardín de la casa. Y que decir de los canarios que alguna vez estuvieron en una pequeña jaula amarilla, esa jaula se tuvo que cambiar por una que no tuviera rejas, «la libertad».
Por la soledad en que habían vivido, por el trato diario, por “X y por Mangas”, porque se le hincharon los… pies y porque quisieron, Chabela y Rodolfo decidieron pasar de una relación laboral a una relación mas duradera y placentera.
Iniciando así un mundo lleno de ilusiones, aprendiendo a ver la vida a través de la luz del amor, aprendiendo a vivir con mayor las alegrías y a vivir uno con el otro.
Fue una tarde cuando Chabela esperaba ansiosamente a Rodolfo a que llegara de su trabajo diario, le acompañaba una vecina de esas de las que nunca faltan se llamaba: “Sarita”. Chabela se encontraba haciéndole a Rodolfo unas gordas de manteca, si con sus frijolitos, su quesito y su cebollita, pero con una capa de rica y muy sabrosa salsita verde. Le tenía preparada también jarrita de agua de piña. Pues bien en estos menesteres se encontraba Chabela cuando escucha que se abre la puerta y una voz ronca pero muy alegre le grita: “Viejita chula ya llego tu charro negro”. Chabela se lava las manos en la palangana que tenia para esa labor y secándose las manos en el delantal, salió casi corriendo, moviendo esas piernas tan flacas, para alcanzar a Rodolfo y darle un discreto beso, pues no olvides que había visitas en la casa.
Rodolfo ¿cómo te fue en el trabajo? Le preguntó Chabela a Rodolfo, y este contestándole le dijo: “Muy bien flaquita chula, muy bien, ven para acá que te traje unos mangos petacones de lo que tanto te gustan”. Volteando la mirada Rodolfo saluda muy cortésmente a Sarita.
Rodolfo, Sarita tiene algo muy importante que platicarte. Adelante Sarita platíquele.
— Fíjese Don Rodolfo que tengo unos parientes que viven en la Ciudad de México, allá por los rumbos de la calle de Lerdo en la colonia Guerrero. Ellos viven en una gran vecindad, de esas de lujo tiene cinco patios. Pues bien como le contaba la semana pasada fui con mi Panchito mi viejo a ver a mi hermana Eustolia y viera que conocí a una señora que se parece muncho, pero muncho a usted. Mesmamente tiene hasta las mismas cejas de azotador que tiene usted. Inmediatamente me acorde de usted y le platique que allá en mi tierra tengo a un vecino muy parecido a ella.
A la altura de este relato Rodolfo se encontraba sentado en la una silla del comedor, e internamente se preguntaba a donde quería llegar esta famosa vecina llamada “Sarita”. No le hallaba ni pies ni cabeza a la razón de esta plática, que si se había ido a México, que si había ido a la casa de su hermana Cuquita en fin no sabía a que quería llegar. Pero prosigamos con el relato de Sarita.
— Y pos’ como no sé como se apedilla aste Don Rodolfo, ansina me acorde de su nombre, y pa’ luego que se le digo. Esta señora me dijo que ansina ella tiene un hermano que también se llama Rodolfo. Y fíjese aste’ que también me platico que tiene pero un titipuchal de años que no lo ve, quesque desde que era ansina de chiquito.
— Le agradezco mucho Sarita el que se haya acordado de mi, pero no me ha dicho como se llama esa vecina de su hermanita
— Mire nomás que cabeza la mía, ¿cómo se llama esta siñora?, ¿Cómo se llama?, a ya me acorde se llama: Ángela Núñez Aranda y le dicen “Angelita” y hasta me dio teléfono.


