Chabela… parte VI

EL REENCUENTRO
En un segundo se agolparon en su mente recuerdos, imágenes, preguntas, respuestas, en fin, un verdadero universo de pensamientos y sentimientos se agolparon en la mente de Rodolfo. Años y años de separación física porque en lo más intimo de su ser nunca había olvido a su papá y a sus hermanos, en especial a Ángela que había sido como su segunda madre. Rememoró la vez que junto con su hermano Roberto, salieron de la casa paterna por los inhumanos tratos que le daba su madrastra. Y recordó como se fueron de aventón en camiones de carga, en autobuses de pasajeros, en tren y hasta a pie, a los Estados Unidos.
En estas cavilaciones estaba cuando la voz de Chabela lo trajo nuevamente a este mundo; “Rodolfo, Rodolfo, Rodolfooo”, ¿te sientes bien? Si Chabelita le contestó Rodolfo y dirigiéndose a la vecina “Sarita” le dijo: Sarita seria tan amable de proporcionarme el número telefónico de esta persona que me cuenta. Claro, desde luego aquí lo traigo apuntado en un papel, no lo vaya a perder.
Rodolfo dirige su mano para tomar el papel con el numero, teniéndolo entre su mano lo oprime con mucha fuerza como queriendo que la tinta del papel se le impregnara en la piel y no se borrara en mucho tiempo. Gracias Doña Sarita, le agradezco mucho, ¡Chabela!, ¡Chabela!, agarra tu suéter vamos al estanquillo a hablar por teléfono a México.
Sin pensar mas en Sara, salen los dos a toda prisa, rumbo al estanquillo de la esquina, cuando llegaron Rodolfo se dirige al tendero y le dice:
—         ¿Don Manuel me permitiría hacer una llamada a México?
—         Claro Rodolfo, anda descuelga la bocina y dale vuelta a la manivela para que te conteste la operadora.
—         Gracias
Rodolfo descuelga rápidamente la bocina y su mano le da apresuradamente vuelta a la manivela del teléfono, unos sonidos extraños se escucha y una voz estridente contesta:
—         ¿Adónde quiere hablar?
—         Rodolfo desdobla el papel y alisándolo en la pared, enfoca su vista para ver el número.
—         ¿A dónde quiere hablar?
—         Señorita quiero hablar a la Ciudad de México
—         ¿A que numero?
—         Al teléfono 13066
—         Un momento.
Los minutos empiezan a transcurrir con demasiada lentitud, nuevamente se escuchan ruidos extraños y una voz tipluda que contesta: Aquí Ciudad de México, ¿a donde quiere hablar?
La operadora de Veracruz repite nuevamente el número telefónico y a su vez le contestan “Un momento”. Se oyen que contestan y dicen:
—         “Fabrica la Carolina” buenas tardes, ¿con quien quiere hablar?
—         Rodolfo traga saliva y dice: Con Angelita por favor,
—         Un momento le van a hablar.
Chabela se encuentra tan cerca de la cara de Rodolfo que casi le podría ver las rayitas de los ojos y hasta los poros abiertos de la blanca barba.
—         ¿Bueno quien habla?
—         Buenas tardes con quien hablo
—         Con Ángela
¡Si!, ¡Si!, ¡Si!, esa era la voz de su hermana Angelita, el tiempo no había podido borrar lo grave de su voz, inmediatamente recordó su rostro. ¿Cómo seria ahora?
—         ¿Ángela?, ¡habla Rodolfo!
—         ¿Cuál Rodolfo?
—         ¡Rodolfo Núñez Aranda!
Los corazones de ambos hermanos empezaron a latir al unísono, tan fuerte que ambos creyeron que se les iba a salir del pecho. La garganta se les cerró y no podían articular palabra alguna. Unas gotitas de agua salada empezaron a rasgarse en sus ojos.
—         ¿Rodolfo?, no es una broma verdad, ¿eres tú?
—         ¡Claro que si hermanita!, ¡Soy Yo!
—         ¿Cómo estas Rodolfo, en donde estas?, ¿estas en México?
—         No manita estoy aquí en Veracruz, aquí vivo.
Los labios de Ángela se cerraron fuertemente para que no saliera ningún sollozo, ahí estaba su hermano Rodolfo.
—         ¿Manita estas ahí?
—         Si, aquí estoy esperándote desde hace muchos años
—         Si Ángela, sabía que me esperarías
—         Si aquí estoy, y esta tu hermana Concha y están tus sobrinos
—         ¿Y mi papá Enrique?
—         Ya va por el sexto matrimonio
—         Salió bueno el Viejo ¿verdad?
—         Gracias a Dios todavía vive
—         Ángela ¡dame tu dirección!
—         Calle de Lerdo número 5, interior 27
—         El sábado estoy por allá.
 
LA DULCE DESPEDIDA
Han pasado cuarenta y siete años desde aquel llamado telefónico a su hermana “Angelita”, el paso del tiempo no perdona nada, te quita y te da, en la misma proporción. La vida es infinitamente sabia y esta sabiduría se va adquiriendo en el transcurso de esta…
En una soleada tarde sabatina, la capilla de la vieja Iglesia de “Nuestra Señora de Fátima” da cobijo a una pareja de singular aspecto. Su andar es ya lento, su piel tiene las arrugas del tiempo, la luz que alguna vez se reflejó en sus ojos ahora se ha empañado. La lozanía de sus cuerpos se ha esfumado. Y con un andar vacilante se encaminan por el pasillo central, rumbo al altar mayor. Y aunque no hay nadie más que los acompañe, ellos van satisfechos a su destino. Van a cumplir con un último deseo mutuo. Y aunque sencillas y modestas son sus vestimentas, su corazón va irradiando júbilo. Dentro de tres meses él partirá a un viaje sin retorno y al cabo de seis meses más, ella lo alcanzara.
El que escribe esto hace un merecido reconocimiento al amor que se profesaron Chabela y Rodolfo, nunca necesitaron de papeles para amarse y respetarse, fue un amor mutuo, nacido de la sencillez y la humildad del corazón de ambos.
 

Posted: July 5, 2006 Comments (0)