Terapiando a los hijos
Hoy tuve que platicar con mi hijo, esta verdaderamente contento, feliz, el alma no le cabe en el cuerpo de tanto gozo, hoy recogió el resultado de su tercer exámen para ingresar a la milicia, dice tener ya un pie adentro y el otro a tres centímetros para pisar definitivamente la escuela militar.
Para el este sueño comenzó desde su infancia cuando en juegos, charlas y a veces muy seriamente las personas mayores, tíos, primos y amistades de la casa le preguntaban que quería ser de grande, con sus ojitos muy serios contestaba "soldado".
Siempre pensé que estó sólo era una idea sin forma, hoy sin embargo creo que ya va tomando la seriedad que requiere.
Por otra parte, el resultado para ingresar a un bachillerato común y corriente también le fue de éxito absoluto pues de las diez opciones que manejó se quedó en la primera y con un puntaje muy alto y superior al que se requería para ingresar.
Hoy está en la disyuntiva de ingresar definitivamente a la milicia o seguir por el lado civil.
He hablado un largo rato diciéndole que Dios le está dando a manos llenas, le ha puesto una mesa muy amplia y llena de manjares que son las opciones que tiene, que además de estar lleno de ganas y juventud, posee la inteligencia necesaria para trazarse una ruta en la vida.
Que hoy tiene que pensar y decidir la opción que más le llene sus aspiraciones y no parar hasta llegar a la cima.
Hoy por primera vez, he visto llorar a un hombre con lagrimas de felicidad.
Qué camino escogerá, aun no me lo dice, acaba de ir a consultarlo consigo mismo, el tiempo nos dirá que opción llevará a cabo, por lo pronto hoy me siento la madre más orgullosa del mundo, mi misión por darle a esta tierra hombres de bien, va por buen camino, esperemos que siga así.


