A veces Arturo me sorprende con su imaginación, para muestra el último texto que me ha envíado, lo iré mostrando poco a poco y día a día para disfrutarlo.
Imagen Karl Bretchen (1840)
Los acordes de la música daban por finalizada la misa de ese día, todos los asistentes estaban conmovidos por el sermón que habían escuchado en labios del párroco de esa Iglesia.
Teniendo un Don especial para saber llegar a lo más recóndito de los corazones de los feligreses, los impulsaba a reflexionar profundamente sobre el amor de Dios para con sus hijos, una y otra vez les recordaba que debían ser buenos hijos de Dios; que debían de seguir fielmente los Mandamientos así como las leyes de la Iglesia Católica.
Una señora de aspecto muy humilde, de grisácea cabellera, se levantó tan rápido como le permitieron sus encorvadas piernas, para dirigirse rápidamente a la sacristía, buscando entrevistarse con el padre Gustavo.
Vio que estaba precisamente tras los cristales y, dudando en interrumpir, se acercó muy lentamente para hacerse notar.
— ¡Pásele, Doña Chonita!, ¿Qué puedo hacer por ti? le dijo el sacerdote
— Pues verá padrecito, yo quería ver si me hacía la merced de hablar con usted.
— ¡Claro que sí!, Espéreme un momentito y estoy con usted.
— Gracias Padrecito.
El sacerdote dio las ultimas instrucciones a la secretaria de la sacristía y, dando media vuelta, esbozó una sonrisa para doña Chonita.
— ¡Ven hija mía! ¿en qué te puedo servir?
— Pos verá padrecito, yo quería que me aconsejara, fíjese nomás que mi viejo Miguel le ha dado por la tomadera y yo le digo que pos ansina no le va a traer nada bueno. Nomás se dispierta en la mañana y quesque se va pa’ la construcción, pero nomás es pura tanteada, porque nomás se sale y al rato me salgo para echarle un ojo. Y mire nomás se va pa’ la pulquería y ahí se pasa todo el día, y cuando se va metiendo el sol agarra y se sale pa’ fuera y llega a la casa, nomás pa’ dormirse.
Aconséjeme padrecito, ¿cómo le quito ese condenado vicio?
— Pues mire Doña Chonita; en primera, no es correcto que usted se la pase espiando a su marido; y en segunda, lo que su marido necesita es querer dejar el trago y una atención especializada, como por ejemplo que asista a Alcohólicos Anónimos, vamos a hablar con él y si él gusta, yo vería la forma de poder integrarlo a un grupo de “AA” (alcohólicos anónimos).
Tenga fe en Dios y verá que no es tan difícil el problema. Dios nunca deja a sus Hijos.
— Muchas Gracias padrecito, ora verá usted que mesmamente hago lo que me ha dicho, gracias, muchas gracias.
— Ve con Dios, hija mía.
mañana continuare…



