Padre Gustavo VI

Nosotros los humanos tenemos, una característica muy especial y es que todo lo filtramos a través de nuestros conceptos religiosos o espirituales, psicológicos o científicos; así como de nuestros cotidianos deseos, preocupaciones y temores. Todo lo escuchamos a través del filtro. Si realmente quieres reflexionar, tienes que desechar todos tus prejuicios, concepciones previas y formas cotidianas de vivir.
Cuando te encuentras en un estado mental receptivo, las cosas se pueden comprender con mayor facilidad. La verdad no es verdad hasta que la descubres por ti mismo, nadie te la puede dar, entonces tienes que descubrirla; y para descubrir es preciso que haya un estado mental en el que exista la percepción directa.
 
— Gustavo pensó por un momento que estaba soñando y propiamente reflexionó;
— Posiblemente todo esto que esta ocurriendo no sea más que un sueño del cuál todavía no despierto y cabe la posibilidad que en realidad todavía me encuentre dormido en mi cama, dentro de la casa parroquial. Y todas estas vivencias no sean otra cosa más que un reflejo de mi subconsciente. Ya que en innumerables veces durante toda mi vida me había formulado la pregunta de cómo sería Dios. ¡Sí, eso debe ser! Ahora solo me queda abrir mis párpados para poder despertar de este hermoso sueño. Y por amor a Dios, no quiero que se me vaya a olvidar esto que he soñado. Lo tengo que tener bien presente para poder reflexionarlo. Y se dijo para sí mismo: Gustavito, ahora abre tus ojos y despiértate, extiende tus brazos y tus piernas.
Gustavo abrió lentamente sus ojos, una esplendorosa luz solar se filtraba entre el encaje de las delgadas cortinas de su cuarto, ni la menor sombra se encontraba presente, más un imponente silencio imperaba en el ambiente.
Dirigió su brazo derecho al buró y aprisionó entre sus dedos el viejo reloj despertador buscando afanosamente las manecillas del reloj: eran las 7:15 de la mañana. Se incorporó de un salto haciendo volar por los aires la colcha y el cobertor.
Sus pies aterrizaron en el frío piso, se levantó y sus ojos analizaron la habitación. Sorprendentemente se dio cuenta que la habitación se encontraba pulcramente limpia. Rápidamente se vistió y salió corriendo de su habitación. Se le había hecho tarde para levantarse; ya los feligreses debían de estar esperándolo en el templo, para escuchar la misa de 7 de la mañana. Por el camino se alisó los cabellos, era seguro que el sacristán “Filemón” le estuviese esperando con su sotana en la mano.
— Todos los días acostumbro levantarme a más tardar a las 5: 30 de la mañana, pero este día me excedí. Tengo que hablar al Seminario para saber a que hora va a llegar el seminarista ó diacono que habían quedado de enviarme.
Súbitamente la puerta de madera que daba acceso al templo se interpuso en su camino, una corriente de aire se dejo sentir en su espalda y la puerta giro sobre sus bisagras. Le extraño este hecho, pero no tenia tiempo para analizarlo, apenas había más traspasado el dintel de la puerta cuando su vista se posó en las personas que estaban arrodilladas en los reclinatorios. Desvió su mirada hacia el altar y sus ojos casi se salen de sus orbitas:
¡Ahí estaba otra persona idéntica a él!, levantando el cáliz hacia las alturas.
¡No, no podía ser cierto lo que estaban viendo sus ojos! Parpadeó varias veces como tratando de borrar esa imagen. Pero así era; ahí estaba su propia imagen, levantando un dorado cáliz hacia el altísimo.
Todavía por un momento pensó que posiblemente era la persona que enviarían del Seminario. Pero… inmediatamente vinieron a su mente los recuerdos de.. ¿Fue un sueño lo que tuvo? o realmente había regresado del más allá.
Sin precipitación alguna, comenzó a caminar hacia el Altar, observó que nadie se percataba de su presencia y cuando hubo llegado al frente de uno de los grandes cirios, sin ninguna vacilación dirigió su mano derecha a la flama amarilla de este.

Posted: September 16, 2006

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